26 Mar Mejorar la gestión ambiental del laboratorio con la clasificación ambiental de reactivos
En cualquier laboratorio conviven reactivos con clasificaciones ambientales diferentes. Desde los peligrosos para el ambiente, compuestos persistentes y móviles, materiales con requisitos regulatorios específicos. Por eso, el diferencial está en cómo se gestiona la información de clasificación ambiental: cuán organizada está, cuán actualizada, qué tan fácil resulta revisarla y usarla para decidir.
¿Por qué importa la clasificación ambiental en el laboratorio?
Conocer, organizar e interpretar correctamente la clasificación ambiental de reactivos, solventes, kits en permite:
– Identificar reactivos que requieren condiciones especiales.
– Definir criterios para la compras, almacenamiento y disposición considerando temas ambientales.
– Mantener un enfoque sostenible al revisar inventarios, evitando acumulación innecesaria.
– Planificar respuesta a emergencias (derrames y/o fugas).
– Facilitar auditorías internas o externas.

¿Cómo incluir la perspectiva de la clasificación ambiental en el laboratorio?
Hay que empezar estandarizando la información ambiental de materiales químicos usados en el laboratorio: identificando, organizando y manteniéndola actualizada.
El Sistema Globalmente Armonizado (SGA/GHS) Sistema Globalmente Armonizado (SGA/GHS) define criterios de clasificación para productos químicos considerando peligros- físicos, para la salud y el medio ambiente. Los códigos ambientales del SGA/GHS comienzan con 4.
En las Fichas de Datos de Seguridad/ Hojas de Seguridad/ Safety Data Sheet (FDS/ HDS/SDS), estandarizadas por el SGA/GHS, la información ambiental de sustancias y productos químicos se encuentra en:
• Sección 2 (SGA/GHS): códigos H ambientales de la serie 4 (H400, H410, H411, H420).
• Sección 12: persistencia, degradabilidad, bioacumulación y movilidad.
• Sección 14: requisitos de transporte que implican impacto ambiental.
• Sección 15: regulaciones aplicables (COPs, TRI, sustancias sujetas a controles ambientales, etc.).
Trabajar con la clasificación ambiental es más sencillo cuando la información estandarizada se administra de manera sistemática en el laboratorio. Algunos ejemplos de clasificación incluyen:
• H400, H410, H411, H420: peligro para el ambiente acuático.
• Persistencia: cuánto tarda una sustancia en degradarse.
• Movilidad: capacidad de llegar a cuerpos de agua a través del suelo.
• Bioacumulación: acumulación en tejidos de organismos vivos.
• Toxicidad ambiental: efectos adversos incluso en bajas concentraciones.
Conociendo cómo se encuentran clasificados los reactivos con los que trabajamos, permite saber, con foco en clasificación ambiental, por ejemplo:
¿Cuáles son los “más complicados” desde el punto de vista ambiental?
¿Cuáles requieren “acciones particulares”: permisos, mantener límites, reportes, procedimientos, etc.?
El desafío no sólo es reunir la información ambiental, sino en cómo transformarla en criterios útiles. Criterios que orienten a cómo se adquiere, cómo se manipula, cómo se almacena y cómo se revisa cada sustancia química a lo largo de su ciclo en el laboratorio.
Cuando esa información es visible y comparable, se vuelve más fácil controlar riesgos, priorizar acciones y mejorar el desempeño ambiental del laboratorio

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Bibliografía:
• U.S. Environmental Protection Agency (EPA). Toxics Release Inventory (TRI): Listed Chemicals. 2026..
• Sistema Globalmente Armonizado de Clasificación y Etiquetado de productos Químicos ST/SG/AC/Rev.11
Para seguir leyendo:
– Sustancias corrosivas en el laboratorio
– Prácticas de sostenibilidad en el laboratorio- Ideas para mitigar cambio climático
– Prácticas de almacenamiento en el laboratorio
